Testimonios

   ¡Cristo ha resucitado! ¡Hola a todos! Soy Gabrielle hijo de Fausto y Claretta. Mi historia comienza en 2018 al concluir mis estudios en el Instituto Después, como cada joven, he comenzado pensar qué universidad elegir y a buscar algún trabajo. Trabajo que desafortunadamente, no conseguí hasta enero del año siguiente. Y al contrario de lo que pensé, ese fue el comienzo de mis problemas, en el sentido de que empecé a sentirme siempre peor. Un fuerte malestar, porque no sabía qué hacer con mi vida. No sabía qué quería de mi vida. Y tenía miedo de preguntárselo al Señor porque pensé que no era una de sus mayores prioridades, que lo dejo en paz, que lo dejo dedicarse a sus asuntos. En poco tiempo esto malestar, y este miedo crecieron y crecieron, hasta que un 16 de marzo tenía un encuentro llamado agapito. Yo a pesar de que formaba parte de la comunidad desde hacía ya más de un año, nunca había participado en agapito porque pensaba que era inútil, aburrido y que no era tan necesario. Pero, no sé… ese día decidí que podía intentarlo, no me costaba nada.  Enseguida, ya al principio de la oración, comencé a sentir todos mis pesos, todos mis miedos, todo aquel malestar que había vivido en aquellos tres meses más que nunca.  Comencé a sentirme mal, es decir, como si una piedra de molina me estuviera aplastando y yo no pudiera ya más.

   En ese momento acabé de explotar, grité dentro de mí con toda la fuerza que tenía, al Señor: “ Señor, te lo pido, sálvame, ayúdame, líbrame, porque ya no puedo continuar con este malestar. Te lo pido, ¡ayúdame!” Inmediatamente, en ese momento, sentí algo que nunca había experimentado antes en mi vida. Experimenté una gran paz y una calma que sabía che no eran míos, sabía que eran del Señor. Ese gran fuego duró más de una semana, al final de la cual sentí una fuerte certeza por primera vez en mi vida, estaba seguro verdaderamente de una cosa: Por la primera vez en mi vida sabía lo que quería el Señor de mí. Sabía que el Señor quería que yo le diera completamente mi vida. Y, francamente hablando, esa ha sido la mejor elección que yo tomé en toda mi vida.

   Os aconsejo que no tengáis nunca el miedo de pedir ayuda al Señor, de preguntarle qué quiere Él de vosotros. Porque, como ha hecho en mi vida, es capaz de cambiar completamente también vuestra. Y a los padres quiero decir que no se preocupen, porque lo que siembra el Señor nunca se pierde, sino que siempre se encuentra.

Gabrielle