¿QUÉ ESTOY BUSCANDO?

¿Qué es lo que más deseo en la vida para sentirme feliz? 

Mi respuesta es: sentirme amada y poder amar a alguien.

Cuando era joven, con dieciséis años, pensaba que la respuesta para este anhelo interior era encontrar un buen novio. Pues lo busqué y lo encontré. Mi novio era un chico muy bueno, me quería con locura, me respetaba, hacíamos juntos planes para nuestro futuro. Pero en mi interior yo intuía que esto no era para mí. En la relación con mi novio no encontraba la respuesta plena para mi deseo de sentirme amada. Siempre se quedaba un rincón de mi corazón vacío. Llegó el momento en que decidí romper esta relación.

Empecé una nueva búsqueda de felicidad. ¿Qué estaba buscando? No lo sabía. En este tiempo descubrí al Señor Jesús vivo. Me quedé fascinada. Me atraían los encuentros de oración en que se podía percibir su presencia. Empecé a leer la Biblia y me entusiasmaba cómo el Señor me hablaba a través de su Palabra.  

Llegó el tiempo en que concluí la escuela y empecé a trabajar. Teniendo mi proprio dinero decidí que era el tiempo de salir de la casa de mis padres y vivir por mi propria cuenta. Para bajar el coste del alquiler compartía habitaciones con mis amigas. Ellas también habían salido de casa y trabajaban. Teníamos una buena relación. Mis amigas tenían sus novios y pensaban seriamente en casarse. De vez en cuando escuchaba sus planes para el futuro. Me contaban cómo se vestirían para la boda, qué tipo de cortinas pondrían en su casa, como iban a educar a sus hijos, etc. Yo en estos momentos me sentía como un extraterrestre, me sentía diferente, sentía que no encajo en este tipo de vida y quedaba siempre más convencida de que el matrimonio no es para mí. Entonces, ¿qué es lo que vale para mi vida? No lo sabía.

Poco a poco empecé a intuir que el Señor me está llamando. En un primer momento tenía miedo de esa llamada. Pensaba que ser llamado excluye la posibilidad de sentirse amado. Asociaba la llamada con la soledad, el aislamiento, una vida hecha sólo de sacrificios, muy triste y aburrida. Pero el Señor no se cansaba de esperarme y pacientemente trabajaba en mi interior cambiando mis ideas. Lo hizo a través de las personas que puso en mi camino. Encontré a hermanos que había entregado su vida a Jesús en una comunidad. Estaban alegres, llenos de entusiasmo, disfrutaban de las pequeñas cosas, reían mucho, estaban unidos y se querían. Tenían “algo” que me atraía.

Viajé a Italia para conocer más esta comunidad: la Koinonía Juan Bautista. Descubrí que este es mi lugar, que es lo que busqué toda la vida. Aquí me siento en casa y no estoy sola, tengo una familia muy grande. Me siento amada por mis hermanos y mis hermanas y por la gente que me conoce. Agradezco al Señor que me dio la gracia de encontrar mi lugar en el mundo.