Koinonía en misión

¡Es muy duro ver a las personas hambrientas que esperan
con ansia nuestra llegada!

En los años 2007 - 2014 he vivido en el CAP de Villardeciervos, de la Diócesis de Astorga con los hermanos y hermanas de la comunidad Koinonía Juan Bautista. Los años en España me marcaron mucho. El compartir la Palabra de Dios en los pueblos, el trabajo como catequista, la dedicación a la Infancia Misionera y formar parte de la Delegación de las Misiones añadieron fuego a mi deseo de ir al continente africano como misionera. Aun me siento parte de mi gente del CAP de Villardeciervos. 

¡España y los españoles no se quitan de mi corazón! ¡Sois parte de mi vida! 

¡Gracias Amigos! Krysia


La mayoría de la población rural vive día a día, no tienen ahorros y lo poco que ganaban antes haciendo trabajos simples, no pueden hacerlo, a causa del COVID-19 se quedaron sin nada. Gracias a Dios hay personas de buena voluntad que sienten en sus corazones el deseo y la necesidad de compartir con los que no tienen nada o muy poco. Gracias a ellos podemos continuar.

Ahora, en este tiempo con el COVID-19 todo ha cambiado. Las escuelas están cerradas, los niños están en sus casas, no tienen las clases «on-line» porque no tienen computadora, ni siquiera tienen Internet bueno. Como misión y sobre
todo como proyecto nos hemos dado cuenta de que hay familias sin comida. 

 
Un ejemplo concreto y reciente es el de una persona anónima que ha hecho una donación de 391 cubos de plástico llenos de alimentos secos como legumbres, arroz, azúcar, harina de maíz, aceite, sal y algo más. Gracias a esto desde hace
3 semanas tomamos el coche, cargamos los cubos con alimentos y salimos de casa para ayudar a los más necesitados. Casi todas las carreteras de aquí son “de mala muerte”, los pueblos están lejos de la misión, son muy grandes y dispersos,
por eso cuesta trabajo llegar a las casas. En la distribución nos ayudan los voluntarios del proyecto de los huérfanos que viven en cada pueblo.

¡Es muy duro ver a las personas hambrientas que esperan con ansia nuestra llegada! Por otro lado, hay alegría viendo cómo sus rostros cambian cuando reciben los alimentos y dicen «siyabonga» – «gracias». 

 

Nos damos cuenta de que no
podemos llegar a todos y que siempre habrá alguien que no recibirá. Por eso tratamos de llegar a las personas más lejanas y hacer todo lo posible para que no se sientan abandonados y retomen la esperanza en el Señor Jesús.