Koinonía en misión

Las últimas noticias desde Sudáfrica:

 


EL TRABAJO EN TIERRA DE MISIÓN – SUDÁFRICA

Soy la hermana Krystyna de la comunidad Koinonía Juan Bautista, misionera en Sud África. Estoy viviendo y trabajando entre la gente de las tribus Zulu y Baca en la Misión de Lourdes.

En los años 2007 – 2014 he vivido en el CAP de Villardeciervos, de la Diócesis de Astorga con los hermanos y hermanas de la comunidad Koinonía Juan Bautista. Los años en España me marcaron mucho. El compartir la Palabra de Dios en los pueblos, el trabajo como catequista, la dedicación a la Infancia Misionera y formar parte de la Delegación de las Misiones añadieron fuego a mi deseo de ir al continente africano como misionera. Aun me siento parte de mi gente del CAP de Villardeciervos. ¡España y los españoles no se quitan de mi corazón! ¡Sois parte de mi vida! ¡Gracias Amigos!

La Misión de Lourdes es la catedral de la Diócesis de Umzimkulu. Nuestro sacerdote de la comunidad Koinonía Juan Bautista es el párroco de la misión y de otros 13 pueblos.  Todos los hermanos y las hermanas tenemos una tarea específica. Yo soy responsable del proyecto para los 900 huérfanos y niños vulnerables. La región en la que estamos viviendo está afectada por el SIDA, por eso hay muchos niños sin padres y también hay muchos niños abandonados por sus padres. Principalmente ayudamos a estos niños a vivir la infancia, es decir a ir a la escuela, a estudiar, a jugar, a comer. Había niños que no tenían uniformes o zapatos para ir a la escuela, entonces se quedaban en casa cuidando de las cabras u ovejas, trayendo el agua de los ríos y la leña del bosque. En estos años hemos proveído miles de zapatos y uniformes, hemos pagado las colegiaturas de la escuela a muchos de ellos.

Ahora, en este tiempo con el COVID-19 todo ha cambiado. Las escuelas están cerradas, los niños están en sus casas, no tienen las clases «on-line» porche no tienen computadora, ni siquiera tienen Internet bueno. Como misión y sobre todo como proyecto nos hemos dado cuenta de que hay familias sin comida. La mayoría de la población rural vive día a día, no tienen ahorros y lo poco que ganaban antes haciendo trabajos simples, no pueden hacerlo, a causa del COVID-19 se quedaron sin nada. Gracias a Dios hay personas de buena voluntad que sienten en sus corazones el deseo y la necesidad de compartir con los que no tienen nada o muy poco. Gracias a ellos podemos continuar. Un ejemplo concreto y reciente es el de una persona anónima que ha hecho una donación de 391 cubos de plástico llenos de alimentos secos como legumbres, arroz, azúcar, harina de maíz, aceite, sal y algo más. Gracias a esto desde hace 3 semanas tomamos el coche, cargamos los cubos con alimentos y salimos de casa para ayudar a los más necesitados. Casi todas las carreteras de aquí son “de mala muerte”, los pueblos están lejos de la misión, son muy grandes y dispersos, por eso cuesta trabajo llegar a las casas. En la distribución nos ayudan los voluntarios del proyecto de los huérfanos que viven en cada pueblo. 

¡Es muy duro ver a las personas hambrientas que esperan con ansia nuestra llegada! Por otro lado, hay alegría viendo cómo sus rostros cambian cuando reciben los alimentos y dicen «siyabonga» – «gracias».

Aquí experimentamos como la Palabra de Dios que dice «Hay más felicidad en dar que en recibir» (Hch 20, 35) se realiza en nuestra vida. Nos damos cuenta de que no podemos llegar a todos y que siempre habrá alguien que no recibirá. Por eso tratamos de llegar a las personas más lejanas y hacer todo lo posible para que no se sientan abandonados y retomen la esperanza en el Señor Jesús.